miércoles, 8 de agosto de 2012

La persona perfecta

Tengo a mi lado al compañero ideal. Que me regalará flores y me llevará en sus brazos cuando mis piernas estén cansadas de caminar. Que me ofrecerá su hombro para llorar y su sonrisa para compartir mi alegría. Que me arropará cuando quiera dormir y tomará mi mano para que me sienta segura. Que me acompañará a mis lugares favoritos del mundo y me sorprenderá con algo nuevo cada día. Que me dará su sí frente al altar y estará conmigo durante toda mi vida. Que será el padre de mis hijos y el abuelo de mis nietos. Que me levantará el ánimo cuando esté decaída y me hará caricias cuando me sienta sola. Que me dará un libro cada semana y cocinará conmigo los domingos. Que me llevará de paseo por el parque y observará conmigo los atardeceres. Que me contendrá en mis locuras y aplacará mis enojos. Que me hará cosquillas cuando necesite reír y me besará la frente con ternura.

Él es alguien que me amará hasta el fin de sus días, pero... ¿Cómo aprendo yo a amarlo? A veces pienso que cuanto más malvado es alguien conmigo, más me enamora. Pero cuando se me presenta la persona que  siempre soñé, soy lo suficientemente idiota como para correr el riesgo de perderlo. ¿Podré abrir los ojos antes de que sea demasiado tarde? O quizás, mis ojos ya están abiertos como para ver lo que hay en juego. Tal vez, sólo necesite abrir el corazón. 

lunes, 6 de agosto de 2012

Puertas

     
          Cierra tus puertas.
          No por orgullo, ni soberbia, sino porque ya no llevan a ninguna parte. 

Paulo Coelho           


Hoy cerré una puerta, o dos. No estoy del todo segura. Quizás hayan sido tres. Fue doloroso, aunque no haya derramado una sola lágrima. Lo intenté, pero se negaron a salir. Todavía las siento palpitando entre mis párpados, torturándome por el hecho de que por más que lo intente, no van a permitir que las deje caer. Así son, rebeldes como yo, que un día me niego a cerrar una puerta y al otro, me he quedado sola en el pequeño centro de mi alma, rodeada de puertas que ya no se pueden abrir. 

Me desespero, temo haberme equivocado. Me da miedo haber abandonado puertas que sí llevaban a alguna parte, pero que por orgullo o soberbia, decidí cerrarlas y tirar la llave. Es aterrador comenzar el camino por una de las aberturas que aún permanecen a mi disposición y descubrir un día que detrás de ella sólo había nada. Y cuando me vuelva para emprender el retorno, descubriré que la puerta ha desaparecido y que la eternidad me aguarda en una pesadilla. Entonces, sabré que jamás podré escapar... ni morir.